Era principios de julio, un día de pleno verano en el que sentados bajo una agradable sombra en la terraza de la casa de mi hermano Paco, comentábamos entre sorbo y sorbo de unas fresquitas cervezas, temas de esos que sólo los que lo están hablando saben de su valor… más que todo porque están arraigadas al carácter sentimental, nostálgico, emocional… de uno mismo.
Mientras tanto, a pocos metros y como ajenos a estas conversaciones se encontraban jugando sus hijos Alex y Jorge. Niños de 11 y 8 años respectivamente. Como nosotros hace ‘unos cuantos años’, jugando con unos objetos y su imaginación. Todo igual salvo su ‘hardware’, que mientras para nosotros eran indios y vaqueros de plástico (posiblemente tóxicos), para ellos son de materiales homologados, con diseños calculados para sus edades… sin contar con la alta tecnología en electrónica que incorporan algunos de los juguetes actuales.
En el transcurso de la conversación comento:
- Ayer estuve clasificando la caja de ‘casetes’ (Cassette) que no quiero deshacerme de ellos por los recuerdos que me traen. ¿Tú también tienes algunos guardados?
Y sin tiempo de comenzar la respuesta, oigo preguntar a mi sobrino mayor:
- ¿Qué es un ‘casete’ papá?
A partir de ahí, la respuesta tradicional de que el Casete es un formato de grabación de sonido de cinta magnética, que utilizábamos para escuchar música… y todo eso.
Tras este inciso, la pregunta inocente de mi sobrino, cambió totalmente el sentido de la conversación. Ahora hablamos de que estábamos ante un ejemplo más de la incidencia de la memoria del consumidor y la importancia de tenerla presente empresarialmente.
Nosotros sí sabíamos que entre los años ‘70 y finales de los ‘80, el casete era uno de los dos formatos más comunes para la música pregrabada, junto a los discos de vinilo. Que en esa última etapa entra el disco compacto y que hoy, los diferentes soportes de almacenamiento de datos ponen en ‘jaque mate’ a sus predecesores.

Pero para un chico de 11 años, ya no recuerda ni siquiera que algún día los tuvo entres sus manos. Y hay que prever que como consumidor que en pocos años ‘tirará de Visa’, no tendrá compasión alguna en calificar de antiguo u obsoleto un producto de un día para otro.
Las nuevas generaciones marcan tendencia a diario y no saberlo es contribuir a que un producto de éxito hoy, sea olvidado mañana.
Fernando Cuenca
Director comercial de Condelmed, S.L.




